Una época en la que los excesos estaban de moda, la música disco reinaba y solo había un lugar para salir de noche. ¡Bienvenidos todos a Studio 54! 

Ubicados en un viejo teatro inaugurado en 1927 que tenía fama de hacer realidad las fantasías, el Studio 54 era el Titanic de los clubes nocturnos. Remodelado solo seis meses antes de su apertura en abril de 1977, este enorme lugar sería el fortín de aquél relativamente nuevo sonido llamado “disco” en donde los dj´s con el fin de prolongar la diversión utilizaban dos tornamesas con la misma canción para extender considerablemente la duración de las canciones de éxito.

Su existencia duró solo tres años, pero durante este tiempo fueron los reyes supremos, era la época de Saturday Night Fever y todos los clubes querían emular lo que se veía en la película, el mundo vivía a la par el apogeo de la revolución sexual y en el Studio 54 se respiraba el libertinaje sin límites; había de todo y al máximo: famosos, sexo, drogas y disco. 

La creación de este breve imperio dependió de dos hombres muy diferentes entre sí, Ian Schrager y Steve Rubell quien previamente ya habían abierto otro club. Uno se encargaba del ambiente pues para ellos lo único que los diferenciaría de los demás lugares era la magia que se crearía dentro. El otro se ocupaba de la clientela, la cual debía ser la más sofisticada y fabulosa de Manhattan, la lista de invitados fue una mezcla entre los amigos de Andy Warhol, Calvin Klein, Francesco Scavullo y la promotora de fiestas Carmen D´Alessio, se mandaron ocho mil invitaciones para la inauguración. El mismo día que abrieron se dieron cuenta de que habían creado un monstruo, algunos de los asistentes fueron Diana Ross, Margaux Hemingway, Brooke Shields, Salvador Dalí y muchos otros, entre los que se quedaron afuera están Cher, Woody Allen, Warren Beatty y Frank Sinatra.

Pasaban los días y la expectativa crecía, la gente no se imaginaba todo lo que pasaba adentro pues además se ubicaban en el peor barrio de Manhattan. Al día siguiente de su apertura el diseñador de moda Halston le hizo una fiesta de cumpleaños a Bianca Jagger en lunes e inició la tradición de fiestas extravagantes con tema. Una persona salió del pastel, todo se llenó de glitter y un hermoso caballo blanco en el que Bianca posó para una serie fotográfica mítica catapultó la fama del lugar y se empezó a escribir el mito.

Diversión era la palabra clave desde que entrabas por unas puertas de vidrio oscuro hacia un pasillo, cruzabas y en el centro había una gran bola disco donde rebotaban rayos láser y alrededor todo era de espejos, la pista de baile era el corazón del Studio 54 y la música disco su latido. Tenían el equipo de sonido más potente, tanto que vibraba en el cuerpo, nunca se había escuchado algo igual.

La remodelación de este enorme teatro que había servido para óperas, puestas en escena, cenas elegantes y foro de muchos programas de televisión fue demasiado atrevida y tenía a los diseñadores de audio e iluminación más vanguardistas de la época. Los arquitectos que lo remodelaron propusieron hacer la pista de baile en donde era el escenario pues: “Todo el mundo quiere estar sobre él.”

La atmósfera era el top de sofisticación, era una mezcla ecléctica entre desfile de moda y circo, elegante pero high-tech. Se dice que fue el primer lugar en negar la entrada lo cual hizo que la gente tuviera más ganas de pertenecer a este selecto grupo de personas. Entrar no solo era para la gente rica y famosa, su aspecto o forma de bailar también importaban, la gente que entraba aportaba todo lo que pasaba adentro ya sea por su forma de vestir, su energía o por parecer interesantes, gran parte de su público pertenecía al mundo LGBT+.

En palabras de la renombrada fotógrafa Meryl Meisler, “I like a mix of people. What makes New York special is that it brings all different kinds of people together. I loved that about Studio 54. It was gay. It was straight. It was genderfluid, older, younger. There were starlets and unknowns. The only thing we might have in common is we didn’t have to get up first thing in the morning”. 

Frecuentado por Andy Warhol, Al Pacino, John Lennon, Liza Minelli, John Travolta, Yves Saint Laurent, Farrah Fawcett, Grace Jones y cualquier cantidad de famosos la nueva era del nightlife se escribía, cientos de historias increíbles sucederían, pero no por mucho tiempo. Algunas no fueron tan buenas como los problemas fiscales que tuvieron sus dueños quienes guardaban las ganancias en efectivo en bolsas de plástico arriba del techo, además de la venta ilegal de drogas hicieron que el sueño se desvaneciera. 

“El final de la Gomorra moderna” fue en febrero de 1980, el show corrió a cargo de Diana Ross y se dice que la última copa que se sirvió fue para Sylvester Stallone.

Les dejamos un playlist para recordar está infame época: la más divertida, extrema y atrevida que ha sucedido: Studio 54 Greatest Hits of All Time.

By Sussy Oh.

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