Ir a la playa, recostarse, escuchar las olas del mar y cerrar los ojos, podría usarse para describir el día perfecto. La cereza del pastel es pasar el día construyendo castillos de arena con tus pequeños.

Querido diario:

Una de las mejores cosas de vivir en Miami es que cualquier día puede convertirse en un beach day. No importa si es lunes o viernes, entre semana o fines de semana, días laborables o vacaciones. Las residentes de Miami están acostumbradas, es algo que damos por sentado y es normal. Así que la semana pasada decidí convertir nuestro Lazy Sunday en casa en un día de playa lleno de diversión.

Como era de esperarlo mis hijos brincaron de la emoción, cuando dije que iríamos a la playa, les encanta jugar en la arena, mojarse, meter sus píes en el mar. Para ellos no hay nada mejor que ir a jugar un rato en la playa. Para un día así debes de elegir ropa cómoda, que sea fresca y te permita moverte libremente, un traje de baño que te quede perfecto, sandalias muy cómodas, unos lentes para protegerte del sol y una bolsa grande donde te quepan los snacks, juguetes de los niños, tu celular, una revista y más. En esta ocasión opté por ponerme encima de mi traje de baño un conjunto de camisa y pantalón con estampado artsy multicolor en crepé de China de seda, de Saloni. Mi look lo combiné con un par de sandalias de tweed en verde periquito, de Chanel, y unos lentes de sol oversize – un must para ir a la playa – de Valentino y una tote bag en canvas color marfil con detalles en cuero rojo, también de Valentino.

Nos preparamos para salir, agarramos los juguetes de playa, las toallas, unos snacks saludables – un poco de zanahoria, pepino y jícama picada – y nos dirigimos a nuestro destino. El día estaba perfecto, parece que lo hubiéramos planeado, soleado, con algunas nubes para que el calor no fuera intenso y la brisa del mar se sintiera refrescante. Al llegar elegimos una palapa con unas sillas Adirondack y unos camastros. Pusimos las toallas, dejamos la bolsa en la silla, nos quitamos las sandalias y corrimos al mar. Mojamos nuestros pies, jugamos, reímos y nos salpicamos. Después sacamos nuestras palas y cubetas, les ayudé a llevar agua para mojar arena y empezar a construir un castillo de arena. Me encanta verlos como juegan entre ellos, su relación de hermanos es muy bella – la verdad es muy pesado luego que se lleven solo un año entre cada uno de ellos, pero ha permitido que creen lazos de amistad muy fuertes – y me da paz que se lleven muy bien. Después de construir nuestro castillo, creamos un pozo para protegerlo, le pusimos unos pequeños banderines en las torres y finalmente estaba listo. Luego los niños siguieron jugando en la arena, construyeron cosas, se enterraron y corrieron un poco. Por mi parte los ayudé cuando se quisieron enterrar en la arena, pero decidí sentarme un rato mientras ellos corrían y jugaban. Después sacaron algunos libros que estaban leyendo y algunos libros para colorear. Por mi parte me puse a leer un poco y hojear alguna de mis revistas de moda favoritas para inspirarme. Sacamos los snacks y decidimos recuperar un poco de nuestra energía, los niños se devoraron la verdura en un abrir y cerrar de ojos. Después decidieron que debíamos de ir un rato al mar, nos mojamos los pies y caminamos un rato.

Una vez que nos dimos cuenta de que ya era hora de comer, decidimos recoger las cosas y regresar a casa. De camino les pregunte a los niños que se les antojaba y al unísono gritaron que una hamburguesa, nuestras favoritas son de Shake Shack. Al ser domingo no tuve ningún problema pues hoy es mi cheat day, así que para mi ordené una ShackBurger, con una orden de papas a la francesa y una malteada. ¡Fue el cierre perfecto para un día maravilloso!
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