Le demos ‘like’ o no, las redes sociales pueden causar ansiedad, depresión y otros retos para nuestra salud mental. Sin embargo el problema va más hacia el fondo. 

Se habló mucho del tema cuando Instagram dijo que quitaría la opción de dar likes en nuestros posts en apoyo a evitar compararnos y herir susceptibilidades de los usuarios. Por naturaleza, las redes sociales activan el centro de recompensa inmediata del cerebro al liberar dopamina, una “sustancia química para sentirse bien” vinculada a actividades placenteras como el sexo o la comida. Las plataformas digitales están diseñadas para ser adictivas y están asociadas con ansiedad, depresión e incluso condiciones físicas.

Redes sociales

Imagínate una maquina tragamonedas de Las Vegas, si sabemos que nunca vamos a ganar no seguiríamos apostando, el tema es una incierta recompensa futura lo que las mantiene vivas. Lo mismo pasa con las redes sociales: “si posteo esta foto, ¿cuántos likes tendré?¿Quién me comentará?” El resultado desconocido y la posibilidad de una recompensa deseado es lo que nos mantiene pegados a las redes digitales. Un aumentar la autoestima y acercarnos a un sentido de pertenencia en nuestros círculos sociales son las dos causas principales para estar constantemente checando las plataformas digitales.

El FOMO (fear of missing out), también juega un papel relevante. Si todos los demás están usando redes sociales, y nosotros no entramos en esa dinámica, existe la preocupación real de que nos estamos perdiendo chistes, temas de actualidad, y hasta las conexiones con nuestros amigos. Las experiencias perdidas pueden generar ansiedad y depresión. Si sentimos que estamos excluidos, aunque sea de manera virtual, esto puede afectar nuestros pensamientos y sentimientos, y a la larga, afectarnos físicamente.

Redes sociales

En varios estudios se ha relacionado el uso de las redes sociales con la disminución, interrupción y retraso del sueño, que se asocia con depresión, pérdida de memoria y bajo rendimiento académico. El uso de las redes sociales puede afectar la salud física de los usuarios de manera aún más directa. Los investigadores han llegado a la conclusión que la conexión entre la mente y el intestino puede convertir la ansiedad y la depresión en náuseas, dolores de cabeza, tensión muscular y temblores.

Entre más jóvenes comenzamos a usar las redes sociales, mayor impacto tendrán en la salud mental. Esto, sobre todo, para las mujeres. Mientras que los chicos tienden a expresar agresión de manera física, las chicas lo hacen de manera relacional al excluir a los demás y al realizar comentarios hirientes. Las redes sociales aumentan la oportunidad de interacciones así de dañinas. 

Además, las redes sociales ponen un lente a través del cual se distorsionan las apariencias y la realidad. Facebook, Instagram y Snapchat aumentan la probabilidad de ver fotos con filtros y poco realistas en un momento en que los cuerpos de los adolescentes están cambiando y su autoestima se esta estableciendo. Cuando se aplican filtros en el mundo digital, a los adolescentes les puede resultar difícil saber qué es real y qué no, lo que provoca un momento difícil para ellos, tanto física como emocionalmente. Los adultos también son vulnerables. En los últimos años, los cirujanos plásticos han visto un aumento en las solicitudes de pacientes que quieren parecerse a sus fotos filtradas de Snapchat e Instagram. Estas apps que  brindan a los usuarios airbrushing, blanqueamiento dental e infinidad de filtros estéticos son súper fáciles de encontrar y de usar. No solo las celebridades se ven perfectas, sino todos.

Redes sociales

La pregunta del millón: ¿cómo puedo usar las redes sociales de manera saludable? Podemos monitorear nuestro comportamiento para ver cómo nos afecta su uso y cómo reaccionar como resultado. Un buen ejercicio es calificar nuestras emociones en una escala de 0 a 10, siendo 10 la más intensa, antes y después de usar las redes sociales a la misma hora todos los días durante una semana. Si uno nota que se siente menos feliz después de usarlas, entonces hay que considerar cambiar la forma en que se emplean, ya sea usarlas por menos tiempo y cambiarlas por otras actividades que disfrutemos. Sin dudarlo, el  auto-seguimiento puede cambiar la percepción que uno tiene de las redes sociales. 

Redes sociales

Como papás también podemos desarrollar planes de monitoreo y de cuánto tiempo dejamos que usen los dispositivos. Estrategias como estas les enseñan a los niños un uso saludable de los medios de comunicación y una buena higiene del sueño. Cuando los adolescentes comienzan a usar las redes sociales, los padres pueden pedirles que entreguen sus teléfonos por la noche con el entendimiento de que los padres pueden revisar las publicaciones y los mensajes. Esto ayuda a los padres a estar informados sobre que pasa con sus hijos y ayuda a recordar a los adolescentes que todo lo que comparten en línea es una huella digital permanente. Si no quieren que sus padres lo vean, no debería publicarlo.

Otro gran método es la regla de “no selfies”, los chicos pueden publicar fotos de objetos, pero no de ellos mismos. De esta manera,  pueden compartir sus experiencias sin enfatizar un enfoque en su apariencia. Además, es súper importante recordar que la frecuencia de uso de los celulares por parte de los padres puede establecer el tono de lo que está permitido para sus hijos. Si quieres que tus hijos dejen sus teléfonos en la cena, será más probable que eso suceda si tú hace lo mismo. 

XO

Sira

Leave a comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.