El descontento de las mujeres atletas hacía la sexualización de los uniformes deportivos ha comenzado a hacer ruido desde este verano. Muchas han dado ejemplo de cómo se debe de tomar control sobre de ellos para poner su capacidad física sobre la estética. 

Los códigos de vestimenta de las mujeres en los deportes están determinados por “tradiciones” que están desactualizadas y sesgadas por el género. Durante mucho tiempo, los outfits de las atletas han intentado conciliar las nociones de “feminidad” con las de “atletismo”, pero este proceso ha convertido a las mujeres en objetos para ser admirados en lugar de ser valorados por sus habilidades deportivas. 

Sin embargo, hay una rebelión reciente y pudimos ver durante los Juegos Olímpicos. Lentamente, las atletas están rechazando las obsoletas regulaciones de uniformes y exigen que se dé prioridad al atletismo sobre la estética. 

Este fenómeno ha sucedido desde que las mujeres comenzaron a tener mayor participación en los deportes. En el siglo XIX, cuando a las mujeres de clase media alta finalmente se les permitió participar en juegos como el tenis sobre pasto, su look era convenientemente “femenino”, modesto y diseñado para atraer a un posible esposo en lugar de mejorar sus saques. Sin duda, los corsés y vestidos largos restringieron severamente su capacidad para lanzar y saltar por la cancha de la forma en que lo hacen las tenistas de hoy. 

A principios del siglo XX, las clases de educación física comenzaron a contribuir en la reforma de la vestimenta femenina. Los vestidos tipo jumpers y las túnicas liberaron al cuerpo femenino de corsés y corpiños. Aunque esto parecía ser muy progresivo, la realidad es que la forma amplia de barril para los uniformes, ocultaba los cuerpos de las mujeres. Todo signo de desarrollo físico de las chicas se camufló preservándolos para sus futuros roles maternos. 

Las deportistas de la actualidad siguen luchando contra las convenciones del código de vestimenta, pero están comenzando a oponerse abiertamente a ellas. Las jugadoras noruegas de volleyball de playa se hicieron muy famosas en los pasados meses, por la multa por “vestimenta inadecuada” que se les hizo durante el Campeonato de Europa en

Bulgaria. Ellas decidieron vestir con unos shorts en vez de bikinis e ir en contra del Reglamento de la Federación Internacional de Voleibol firmado en 2014. Además de una multa por 1,500 euros se llevaron la medalla de bronce, ¡bien por ellas! 

Hubo protestas similares por el código de vestimenta de las atletas en el Campeonato Europeo de Gimnasia Artística en Suiza este año. Las gimnastas alemanas decidieron oponerse a su sexualización, y en lugar de los típicos bodies, vistieron trajes de cuerpo entero. Todo comenzó con la actuación de Sarah Voss, que fue seguida de inmediato por dos de sus compañeras de equipo. Cabe destacar que la gimnasia ha sido un deporte plagado de escándalos de abusos hacía las atletas, por lo que destaca más el hecho de luchar por la desexualización del cuerpo femenino. 

El traje de cuerpo entero, aunque rara vez se ve en la gimnasia competitiva femenina,, en realidad cumple con las reglas de la Federación Internacional de Gimnasia (FIG). Los competidores pueden usar un “unitard (maillot de una pieza con piernas largas, desde la cadera hasta el tobillo)”, siempre que sea “de diseño elegante” y permita movilidad a los atletas sin importar el género. Voss y su equipo aprovecharon la oportunidad de competir como atletas de élite con un uniforme que complementaba mejor su destreza física. Su derecho a elegir, sin duda les ayudó a sentirse más cómodas al actuar. 

Estos ejemplos destacan cómo las mujeres están empezando a cuestionar la forma en que las federaciones deportivas presentan y controlan sus cuerpos. Formando el camino para que más deportistas se opongan a los códigos de vestimenta que se basan en ideas arcaicas de cómo deberían verse las mujeres, a menudo a través de los ojos de los hombres. 

Aunque históricamente el rendimiento deportivo de las mujeres se ha visto obstaculizado y sexualizado, las deportistas finalmente están tomando las decisiones en términos de cómo se regulan sus cuerpos a través de lo que visten. Quizás ahora podamos centrarnos en su capacidad atlética y contribución al deporte, más que cómo se ven.

XO

Sira

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